martes, 17 de mayo de 2011

Pequeñas tragedias

Metí a lavar el sobrecama con alguna otra prenda sucia: la blusa de una pijama de flores, ropa interior, camisillas de franela. Y todo, todo ha quedado verde, como 7 tonos abajo del cubrecama, precisamente del tono de verde que más detesto... el verde pistacho aguado con pintura de mala calidad, el verde de pobre.

viernes, 6 de mayo de 2011

MELA

Mela era una perra beige, grande y de pelo corto. "Una perra basta" decía la señora Elvira. La habían encontrado no sé donde y vivía- cuidaba el patio de la casa del señor Juan, que era un gran solar polvoriento y vacío donde por las noches guardaban buses urbanos. "Coochofal" "Coolitoral" "Transalfa" y "Puerto Colombia" fueron de las primeras cosas que aprendí a leer porque como mi mamá trabajaba me dejaba la tarde entera en el patio de la señora Elvira inventándome muñecas con Janina la nieta venezolana de dientes podridos, Janina tenía una historia triste que yo entendía con tristeza de niña, su mamá la había dejado desde muy pequeña al cuidado de los abuelos, supongo que los dientes ya los traía negros cuando la entregó su mamá.

La perra se llamaba Mela, porque así se podían burlar siempre: mela- comieron, mela- escondieron, mela- pelaron. Todo con vulgaridades, porque de eso se trataba.
La vida pasaba entera en ese patio, desde el enjambre de caballitos del diablo, las galletas de chocolate empaquetadas en papel brillante con estrellas que nunca más volvieron a vender, la sopa fría y sin sabor del medio día. Los peinados de los años 90 que me hacía mi mamá y que yo me desbarataba cuando cruzaba la esquina. Lejos todo, también la muda que se entendía perfectamente a señas. Sofía, la loca que tenía piojos y por eso tenía prohibido jugar conmigo. Narcizo, el panadero feo que hacia deditos de bocadillo. Una que se me olvida el nombre, que tenía un baño en el patio que era un monte lleno de espejos. La mona con quien aprendí a jugar a contar esporas a contraluz. Ya pasaron como 20 años...

Chuy

Mide como 1.85, tiene bigote típico mexicano, siempre usa camisilla negra rota, está lleno de tatuajes, el pelo largo y lustroso y una gorra desteñida. A veces también tiene un palillo en la boca.

En México como en Colombia la gente se las apaña como puede, por eso hay gente en los semáforos, hay venta de tacos en cada esquina de la ciudad y piden dinero en mi puerta 4 veces al día diferentes personas con el mismo rostro de desamparo. Chuy hace parte del gremio de los franeleros, como su nombre lo indica, con una franela le abren el paso a conductores de todas las índoles. Los franeleros son los encargados de conseguir aparcamiento en la calle, de cuidar el automóvil y a cambio unos cuantos pesos mexicanos. Yo creo que Chuy, cada vez que recibe alguna moneda se va de una a comprar tacos al puesto ambulante que está en la esquina, eso explicaría lo del palillo. Aunque siempre tengo la impresión de que no le dan nada porque nunca lo he visto ayudar a nadie con su carro, a veces se queda sentado en las bancas del parque con las nalgas en la silla y las piernas abiertas casi tocando el suelo, las manos entrelazadas sobre la cabeza, silbando y el palillo de dientes asomándose cuando vocifera "ay mi reina, cuando me vas a dar una miradita." Prometo que antes de irme no solo le daré una mirada sino que me quedaré conversando con él. ¿Chuy, porqué siempre tienes tanta hambre en los ojos?