Mi novio me citó allá a las 12pm porque jugaba con los intermedio, cuando llegué soltó una sonrisa y dijo "¿qué buen ambiente ehh?" aja si. A mi alrededor pululaban hombres con el pelo grasiento y las piernas cruzadas. Hasta había uno con una camiseta manga larga rosa y pantalón de paño. La verdad es que había de todo, un señor de kepi blanco y camisa de maraquero, un chico blanco como la leche con una gorra que le cubría la frente, muy parecido a Eduardo Manos de Tijera, un señor con una barriga que lo alejaba unos buenos centímetros de la mesa y mi chico que es guapo y listo.
Al principio me siento incomoda, como jugadora de parqués que soy en concurso de ajedrecistas, pero después de un momento me acostumbro, en este planeta hay miles de submundos, debería dar gracias de poder estar aquí viendo a estos, y las doy. Mi novio habla de Casparof, un campeón que todos los ajedrecistas admiran, un man firme, un tío que mola mazo ¿ya? y yo "aja, lo que es criarse admirando a kid Pambelé y a Edgar Renteria"
La zona de categoría infantil está mas viva: los padres se muerden las uñas mientras los niños, algunos de 7 años cambian de lugar las piezas con sus manitas torpes y marcadas por agujeros en la unión de los dedos y el dorso de la mano. De derecha a izquierda; un papá y una mamá china, o japonesa (todos son iguales, todos hablan enredao) que lucen bellos en medio de esta gente que ni es india, ni es china, ni es blanca, ni es exótica, la mayoría son feos y ya. Una niña ojerosa y regordeta que comete una infracción durante el juego, llaman al juez, la penalizan y la niña mirando al vacío como diciendo "y a mí que me importa" y la mamá acariciándole el cabello.
Un niño mal vestido de madre mal vestida con una mano en la cintura que parecía a punto de golpear a alguien, con el jopo bien puesto y la espalda gorda, me recuerda a Isabel, una cocinera que me intimidaba con su voz ronca, le faltaba un diente y mi madre era la encargada de su sueldo, pero aun así había algo en su actitud que me hacia sentir endeble.
Un niño rubio de ojos azules contra uno de los hijos de los chinos, chiquitines los dos... el chino deja caer todas las piezas cada vez que toca el tablero, el rubio arrodillado en la silla habla solo y en voz alta sobre el orden de las piezas y se toma su jugo ades.
Mas allá los juegos se acaban rápido porque alguno de los jugadores es mas grande que el otro y ganan fácil a los más pequeños, únicamente me llama la atención un niño peinado con todo el cabello hacia la izquierda como quien es peinado por la madre que quiere disimular que no tiene oreja. No tenía, en efecto. En su lugar un muñón de piel con un huequito. "Un culo e pollo" habría dicho mi abuela que era cruel.
De vuelta con mi novio ha ganado una y ha perdido otra contra un chico de camiseta roja que parece marica de closet, apuesto a que de noche cuando todos se han dormido toma la ropa y el maquillaje de su hermana y se transforma. De todas formas es bueno jugando al ajedrez y ha ganado.
Le hecho una mirada a los de categoría expertos, son rápidos, precisos, coño! dan miedo, parecen loquitos con la posición en la que encorvan el cuerpo para conseguir poner piezas y marcar el reloj en menos de nada. En uno de los tableros un viejo chulo se enoja con el chico que se parece a Eduardo Manos de Tijera porque no se rinde cuando quedan 30 segundos en cada reloj y las blancas tienen al rey acorralado en A1, hasta yo puedo ver que su rey está insalvable.
Ultima ronda; no me importan los grandes, me voy con la gente pequeña. La final la disputan un gordito rubio de 8 años contra un chico de aparato dental. El rubito arrodillado en la mesa mueve su pie izquierdo y se hala los vellos de la mejilla derecha con dos deditos mientras espera el movimiento del otro. -"Jaque"- le dicen, su padre de lentes profundos se cerca la cara con ambas manos, se seca la calva. Pero su hijo rubio se enroca con el rey y lo salva, el padre suspira. El niño de braquets mueve sus piezas hacia otro extremo del tablero y cuando queda poco tiempo en ambos relojes ya ha cercado al rey del rubio de nuevo. Blancas abandonan, el rubito, cabizbajo, le estrecha la mano al otro...
Cuando el de braquets se levanta de la mesa, triunfante, enseñando sus diente torcidos, el padre de gafas se pone en el otro extremo del tablero y le muestra a su hijo rubio como pudo haber ganado. El niño asiente "ahhh, si, si..." y más bajito: "quisiera estar en el mundo de cremy..."
Mi novio no ganó pero yo soy su cremy, un día el niñito va a saber también.
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