Pregunté por una zapateria, pero en México eso es un lugar donde venden zapatos nuevos, de manera que me tuve que entender con señas de botas sucias y suelas despegadas para encontrar lo que buscaba. El bigotes. Si mi reina, que si, que no, que caiga un chaparrón, parece que va a llover, huele a ramas pidiendo agua, a asfalto hirviendo a punto de ser mojado. Pero no llueve y como he estado leyendo a Juan Rulfo y a Graciliano Ramos para mi tesis de grado me siento sedienta, llena de polvo.
El bigotes me dijo que costaba cien pesos mexicanos el arreglo y yo: "pero cóooomo?" y el : "bueno te lo dejo en 90" y yo: "qué ahhh" y el: "bueno en 80" y yo: " nombe señor, si ayer me dijo su ayudante que no costaba más de 70..." y el: "bueno, te lo dejo en 70, pero no más porque es la primera vez que vienes".
Esas cosas me pueden poner muy triste, de todas formas le dije que después volvía y me fui a comprar pollo a eso que aquí le dicen "pollería" total que para allá fui pero no estaba la pollera (la señora que vende los pollos, una cincuentona rubia y bien conservada que mangonea a un pelaito de 13 años) en su lugar me ocurrió de nuevo que las cosas se cambiaron de lugar solas: el mesón de concreto donde parten el pollo y que siempre había visto a la izquierda se encontraba misteriosamente del lado derecho.
Le pregunte a un par de señoras que si la pollera no atendía hoy: "ay no, ¿cómo crees? si hoy es viernes de vigilia!" de qué?? "de vigilia, el que come carne hoy se está comiendo la carne de Dios nuestro señor..." y la otra "pero el pollo es carne blanca, esa si se come, ¿no?" hum! "no, sí es blanca, pero es carne, pecado mija!"
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