viernes, 18 de marzo de 2011

La ponzoñosa

El fin de semana pasado se le cayo la suela a la bota nueva de mi pie derecho.
Pregunté por una zapateria, pero en México eso es un lugar donde venden zapatos nuevos, de manera que me tuve que entender con señas de botas sucias y suelas despegadas para encontrar lo que buscaba. El bigotes. Si mi reina, que si, que no, que caiga un chaparrón, parece que va a llover, huele a ramas pidiendo agua, a asfalto hirviendo a punto de ser mojado. Pero no llueve y como he estado leyendo a Juan Rulfo y a Graciliano Ramos para mi tesis de grado me siento sedienta, llena de polvo.
El bigotes me dijo que costaba cien pesos mexicanos el arreglo y yo: "pero cóooomo?" y el : "bueno te lo dejo en 90" y yo: "qué ahhh" y el: "bueno en 80" y yo: " nombe señor, si ayer me dijo su ayudante que no costaba más de 70..." y el: "bueno, te lo dejo en 70, pero no más porque es la primera vez que vienes".
Esas cosas me pueden poner muy triste, de todas formas le dije que después volvía y me fui a comprar pollo a eso que aquí le dicen "pollería" total que para allá fui pero no estaba la pollera (la señora que vende los pollos, una cincuentona rubia y bien conservada que mangonea a un pelaito de 13 años) en su lugar me ocurrió de nuevo que las cosas se cambiaron de lugar solas: el mesón de concreto donde parten el pollo y que siempre había visto a la izquierda se encontraba misteriosamente del lado derecho.
Le pregunte a un par de señoras que si la pollera no atendía hoy: "ay no, ¿cómo crees? si hoy es viernes de vigilia!" de qué?? "de vigilia, el que come carne hoy se está comiendo la carne de Dios nuestro señor..." y la otra "pero el pollo es carne blanca, esa si se come, ¿no?" hum! "no, sí es blanca, pero es carne, pecado mija!"


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